La reducción de la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales avanza como una de las reformas sociales más relevantes en la agenda legislativa actual. La propuesta, impulsada por el movimiento de la Cuarta Transformación, plantea modificar la Ley Federal del Trabajo para garantizar dos días de descanso por cada cinco trabajados, sin reducción salarial.
Se trata de un cambio estructural que impactaría a más de 20 millones de personas trabajadoras formales en México, en un país donde históricamente se ha trabajado más horas que en la mayoría de las economías desarrolladas.
México, entre los países que más trabajan
De acuerdo con datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, México registra más de 2,100 horas trabajadas al año en promedio por persona, una de las cifras más altas entre los países miembros.
La legislación vigente permite jornadas de hasta 48 horas semanales, lo que coloca al país por encima de estándares que en otras naciones ya fueron superados hace décadas.
Con la reforma, las y los trabajadores recuperarían 8 horas semanales, es decir, alrededor de 416 horas al año. En términos prácticos, equivale a más de 17 días completos adicionales para convivir con la familia, estudiar, descansar o emprender proyectos personales.
Derechos laborales en el centro del debate
La iniciativa forma parte de un proceso más amplio de reformas laborales impulsadas en los últimos años: el aumento sostenido del salario mínimo —que ha acumulado incrementos históricos desde 2019—, la eliminación de esquemas abusivos de subcontratación y la ampliación del periodo vacacional.
En ese contexto, la reducción de la jornada laboral representa un paso más hacia un modelo que coloca el bienestar por encima de la lógica de explotación.
Legisladores que respaldan la reforma han señalado que no se trata únicamente de trabajar menos, sino de distribuir mejor el tiempo de vida. El planteamiento también contempla periodos de transición para el sector empresarial, con el objetivo de garantizar una implementación gradual y ordenada.
Productividad y bienestar
Especialistas en economía laboral han señalado que jornadas más cortas pueden traducirse en mayor productividad por hora trabajada, menor ausentismo y reducción de riesgos psicosociales.
En México, los trastornos relacionados con el estrés laboral han ido en aumento, y la discusión sobre equilibrio entre vida y trabajo ha tomado mayor relevancia, especialmente entre jóvenes y mujeres trabajadoras.
La reforma no implica disminución salarial, sino una reorganización del tiempo laboral. Para muchos sectores, significa reconocer que el descanso también es un derecho.
Respaldo ciudadano
Diversos sondeos han mostrado un amplio respaldo social a la medida. La demanda de jornadas más humanas ha sido constante en foros públicos, parlamentos abiertos y espacios de diálogo convocados por el Congreso.
La discusión continúa en el Poder Legislativo, pero el mensaje es claro: después de décadas en las que el crecimiento no necesariamente se traducía en bienestar, la agenda laboral coloca ahora en el centro a las personas.
En palabras de quienes impulsan la reforma, el objetivo es sencillo: que el desarrollo económico no se mida sólo en cifras, sino en tiempo de calidad para las familias mexicanas.
La transformación también pasa por el reloj.