En el PANís de las maravillas, Mauricio Tabe parece haber encontrado la fórmula perfecta: convertir el espacio público en escenario de negocio privado. Lo que debería ser un parque abierto para el disfrute colectivo hoy aparece cercado, vigilado y condicionado, reflejando una visión donde el acceso ciudadano queda en segundo plano frente a los intereses personales y económicos.
Mientras en este modelo el parque se administra como si fuera mercancía y no un derecho, el contraste con los principios de la Cuarta Transformación es evidente. Frente a la lógica del lucro, la 4T impulsa una visión de justicia social, comunidad y bienestar, donde la cultura, el deporte y la recreación son herramientas para fortalecer el tejido social y no oportunidades para la mochada.
Un ejemplo claro de esta diferencia son los Parques Alegría: espacios rehabilitados, gratuitos y pensados para todas las familias, donde la prioridad es la convivencia comunitaria, la cultura accesible y el uso pleno del espacio público. Ahí no hay vallas ni exclusiones, hay comunidad, educación social y derecho a la ciudad.
Lo que ocurre en Parque Lira deja una pregunta abierta: ¿se gobierna para garantizar derechos y construir comunidad, o para administrar negocios personales? La diferencia entre un proyecto de nación y un proyecto codicioso no está en el discurso, sino en cómo se usan o se restringen los espacios que son de todas y todos.