Durante los meses previos al operativo federal que culminó con la caída de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, las autoridades federales ejecutaron una serie de capturas consideradas estratégicas contra integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), debilitando progresivamente su estructura operativa y financiera. Estas acciones no fueron aisladas, sino parte de una estrategia de inteligencia que permitió ubicar redes de protección, operadores logísticos y presuntos responsables de coordinar actividades ilícitas en distintos puntos del país. Entre los detenidos figuraron mandos regionales y colaboradores cercanos al círculo del líder criminal, lo que redujo su margen de movilidad y comunicación, además de generar presión interna dentro de la organización.
Las investigaciones federales se enfocaron particularmente en el estado de Jalisco, considerado bastión histórico del grupo delictivo, donde se realizaron cateos, aseguramientos de armas de alto calibre y decomisos de vehículos blindados y equipo táctico. Las fuerzas de seguridad también identificaron posibles vínculos entre miembros del cártel y autoridades locales, lo que amplió el alcance de las indagatorias. Cada captura aportó nueva información que permitió trazar rutas de desplazamiento, zonas de resguardo y esquemas de seguridad utilizados por el líder del CJNG, estrechando así el cerco que finalmente desembocaría en el operativo final.
El despliegue que culminó con la intervención directa contra “El Mencho” fue resultado de este trabajo acumulado de inteligencia, análisis de comunicaciones y seguimiento de objetivos prioritarios. Especialistas en seguridad señalaron que este tipo de operaciones requieren meses —e incluso años— de recopilación de datos para reducir riesgos y aumentar la probabilidad de éxito. La secuencia de detenciones previas no solo debilitó la capacidad de respuesta del grupo criminal, sino que también permitió a las autoridades anticipar posibles reacciones violentas tras el operativo, incluyendo bloqueos y actos de intimidación en diversas regiones del país, lo que evidenció la dimensión del impacto que tuvo el golpe contra la cúpula de la organización.