La ofensiva militar en Medio Oriente alcanzó este martes su cuarto día consecutivo de enfrentamientos entre Estados Unidos, Israel e Irán, con una escalada significativa de ataques a gran escala que han marcado una nueva fase del conflicto.

Según informes del gobierno iraní, la república islámica ha sido blanco de múltiples ataques con misiles y drones por parte de fuerzas combinadas de Estados Unidos e Israel desde el inicio de la operación a finales de febrero, con numerosos objetivos estratégicos alcanzados en distintas ciudades del país persa. Como respuesta, Irán ha lanzado oleadas de contraataques, incluyendo ataques dirigidos contra bases estadounidenses en la región del Golfo y afirmaciones de impactos sobre un portaaviones estadounidense, aunque Washington no ha confirmado esa versión.

La escalada ha generado un aumento de tensiones regionales que ya se extiende más allá del territorio iraní, con ataques iraníes reportados en bases en Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Jordania, así como bombardeos israelíes contra posiciones en Líbano. El número de víctimas continúa en aumento y las perspectivas de una contención a corto plazo del conflicto lucen remotas.

Paralelamente, el primer ministro de Israel ha defendido esta acción militar conjunta como una medida que, aunque intensa, “no será una guerra interminable” y podría abrir la puerta a acuerdos de paz con otros países árabes, enfatizando que la región debe avanzar hacia estabilidad después de décadas de tensiones.