Desde el norte hasta el sur, el territorio volvió a demostrar que es la mayor fuerza de México. En los 32 estados de la República, las asambleas seccionales reunieron a ciudadanía organizada que reafirmó su compromiso con la defensa de la soberanía nacional y el derecho del pueblo a decidir su propio rumbo.
Estos encuentros, realizados en barrios, comunidades y regiones del país, reflejan un momento de conciencia colectiva, donde la participación popular se convierte en un pilar para proteger la autonomía nacional frente a cualquier intento de presión externa.
La fuerza de estas asambleas radica en su origen territorial: mujeres y hombres que, desde lo local, sostienen un proyecto de nación basado en la dignidad, la independencia y el interés público. La organización social vuelve a colocarse como un elemento central para garantizar que la soberanía no sea una consigna, sino una práctica viva.
Este ejercicio de participación demuestra que cuando el pueblo se organiza, ninguna presión externa logra frenar la voluntad colectiva, y que la transformación del país se construye desde abajo, con identidad, convicción y compromiso con México.
Así, desde cada rincón del territorio, el pueblo avanza unido en la defensa de su soberanía, fortaleciendo un proyecto nacional con raíces firmes y mirada al futuro.