El acceso al agua dejó de ser un discurso aspiracional para convertirse en una prioridad presupuestal tangible en la Ciudad de México. Con una inversión histórica de 7 mil millones de pesos programada para 2026, la Jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, coloca la infraestructura hídrica en el centro de la política pública bajo una premisa clara: cuidar el agua es cuidar la vida.
El plan contempla 643 obras y acciones en territorio distribuidas en tres ejes estratégicos que atienden de manera integral el ciclo del agua. En materia de drenaje, se destinarán 3 mil 360 millones de pesos para la ejecución de 318 intervenciones orientadas a modernizar redes, prevenir inundaciones y fortalecer la capacidad de conducción en zonas con alta vulnerabilidad. Este componente resulta clave en una ciudad que, por su complejidad urbana y densidad poblacional, enfrenta cada temporada de lluvias con presión sobre su sistema hidráulico.
En el rubro de agua potable, la inversión asciende a 3 mil 80 millones de pesos para 304 obras y acciones enfocadas en rehabilitación de tuberías, mejora de presión, sectorización y ampliación de cobertura. En una metrópoli con más de nueve millones de habitantes, donde la demanda diaria supera millones de metros cúbicos, fortalecer la distribución es una tarea estratégica que incide directamente en la calidad de vida de las familias.
El tercer eje, saneamiento, contará con 560 millones de pesos destinados a 21 intervenciones que buscan optimizar procesos de tratamiento y reducir impactos ambientales. Este componente no solo responde a una necesidad técnica, sino a una visión de sustentabilidad que reconoce el valor ecológico del recurso hídrico en el largo plazo.
La inversión total de 7 mil millones de pesos representa uno de los esfuerzos financieros más robustos en infraestructura hidráulica en años recientes en la capital. Especialistas en gestión urbana coinciden en que el fortalecimiento simultáneo de drenaje, distribución y saneamiento permite avanzar hacia un modelo más resiliente frente a fenómenos climáticos extremos y variaciones en la disponibilidad del recurso.
Clara Brugada ha sostenido que en la Capital de la Transformación el agua no puede entenderse como un privilegio, sino como un derecho garantizado por el Estado. Más allá de las cifras, el enfoque territorial de las 643 obras busca que los beneficios se reflejen en colonias, barrios y unidades habitacionales donde históricamente se acumularon rezagos.
En un contexto nacional marcado por el estrés hídrico y la creciente presión demográfica, la decisión de priorizar infraestructura básica envía un mensaje claro sobre el rumbo de la ciudad. La apuesta por inversión pública estratégica no solo atiende una demanda inmediata, sino que proyecta estabilidad y previsión para los próximos años.