La Representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en Iztapalapa acaba de obtener uno de los máximos honores culturales del planeta: ser reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Detrás de este logro histórico hubo años de trabajo colectivo entre comunidad, autoridades locales y organismos culturales.
Durante su administración como alcaldesa de Iztapalapa, y en el contexto del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, Clara Brugada impulsó los pasos fundamentales que abrieron la puerta al reconocimiento internacional. Uno de estos fue la inscripción formal de la Pasión en el Inventario Nacional del Patrimonio Cultural Inmaterial, realizada en coordinación con el INAH y la Comisión Nacional de Patrimonio Cultural Inmaterial. Ese registro fue un requisito indispensable para presentar la candidatura ante la UNESCO.
Además, la relación cercana con el Comité Organizador de Semana Santa en Iztapalapa (COSSIAC) permitió documentar la tradición de manera técnica, histórica y comunitaria, fortaleciendo el expediente presentado ante los organismos internacionales. A esto se sumó el papel de las UTOPÍAS, espacios creados por la propia Brugada como centros culturales, comunitarios y de formación artística, que hoy funcionan como plataforma activa para la transmisión, promoción y preservación de ésta y otras expresiones culturales del pueblo.
Gracias a ese trabajo coordinado (institucional, comunitario y cultural), la tradición más importante de Iztapalapa no solo se mantiene viva, sino que ahora pertenece simbólicamente a todo el mundo como un patrimonio de identidad, fe, resistencia y organización social.